Aquí pensamos… ¡Todo se acabó! Se murió el hijo de la promesa, se murieron los sueños de Abraham, se murió el propósito de su vida, se murió su ilusión.
Pero, de repente, sucedió un milagro:
(Génesis 22:11-12) Mas el ángel del SEÑOR lo llamó desde el cielo y dijo: ¡Abraham, Abraham! Y él respondió: Heme aquí. (12) Y el ángel dijo: No extiendas tu mano contra el muchacho, ni le hagas nada; porque ahora sé que temes a Dios, ya que no me has rehusado tu hijo, tu único.
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(Génesis 22:1a) Aconteció que después de estas cosas, Dios probó a Abraham…
Las pruebas de Dios no son para hacernos caer, sino para “probar” si hemos aprendido lo que debemos aprender, tal como un examen en la escuela.
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